Cartas a mi hija huérfana (X)

Madrid, 18 de julio de 2018:

Bueno, cariño, ya llevas dos días fuera de casa en el campamento. Como siempre te subiste al autobús sin mirar atrás, valiente y dispuesta a afrontar lo nuevo. No, no llore.

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Espero que te lo estés pasando bien. No sé si te habrás dado ya cuenta, pero tu padre no tiene muchos amigos y no es muy hábil en las relaciones sociales. Y, en un claro ejemplo de proyección, quiero que tú triunfes en donde yo no pude (en rugby también). Sé que tu madre es así, pero nunca lo reconocerá ni yo me atreveré a decirle que lo pienso. No lo hice cuando nos divorciamos y hace tiempo que sé que no tendré conversaciones de remembranza con ella, ni siquiera en el día de tu boda. Me sorprendería que algún día me dijera que he sido un buen padre. No sé si tú lo harás algún día. Todavía puedo fastidiarla de miles de formas.

Pero lo importante es que te relaciones bien. Pregunte a P., la madre de G., si te veía a ti y a G. como lideres o como seguidoras y llegamos al acuerdo de que no sois líderes, no buscáis que la gente os siga, pero no seguís si no os conviene. Sois bastante independientes, incluso entre vosotras. Está bien. No sé si te he dado las herramientas para relacionarte bien y ser lo suficiente dura para afrontar enfrentamientos o discusiones, pero creo que tienes lo necesario para no ser una victima y te falta para ser una maltratadora. En todo caso te voy a estar vigilando. En lo que si te puedo ayudar un poco es en como abrazar la tristeza de la vida, ni muy fuerte ni muy poco, lo suficiente para tenerla cerca, notar su presencia y saber que es el contraste necesario. Cuando seas mayor, busca “La sombra de tu tristeza” de Gabinete Galigari y vuelve a ver “Inside Up”.

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Como todos los periodos en que no te veo ni te llamo me deprimo un poco. Me preocupa un poco. En estos momentos me doy cuenta de que no tengo muchos objetivos vitales aparte de educarte, enseñarte la parte del mundo que conozco y luego dejarte mi cadáver para que te alimentes de él y te hagas más fuerte. Bueno, quiero terminar de pintar los soldaditos del ejercito romano de Mario antes de agosto, llevarte a ver una representación en el teatro romano de Mérida, aquel al que no hiciste caso y llevarte a la playa para que aprendas a montar mejor a caballo. Y enseñarte a hacer fuego con dos palitos. Por si acaso.

R. sigue en casa, pero ya ha encontrado la suya. Es bonita y nos ha invitado para cuando este trasladada. También en eso me siento un ente instrumental, siempre dispuesto a ayudar. Quiero que R. sea feliz, pero en estos momentos ansió un poco de soledad. O es el Valium el que habla por mí.

Tu padre helicóptero que te quiere.

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