Cartas a mi hija huérfana (VI)

Madrid, 25 de noviembre de 2016

Buenas tardes, I.

Hoy es el día contra la violencia de género. Y, como dice la anécdota que cuenta Santiago Gonzalez, no soy partidario. De la violencia de género, claro. Tampoco de llamarla de género, que es una mala traducción del inglés, pero es lo que estamos utilizando ahora.

Habiéndome declarado no partidario de la violencia contra las personas con las que vives, creo que puedo decir que la legislación actual no me gusta ni cómo se aplica. Aborda un problema de una forma errónea e injusta y la opinión pública, política y periodística, se niega a revisar sus conclusiones, evaluar cómo ha funcionado hasta el momento y estudiar alternativas. Además, ha sacrificado principios básicos del derecho, como es la presunción de inocencia, la igualdad de derechos ante la ley y otras cuestiones. Estamos en una espiral de victimización que no nos llevará a ningún sitio al que merezca la pena ir.

No te voy a decir que la violencia es mala. Mucha gente lo dice pero en realidad es porque no ha reflexionado sobre ella. La violencia es una forma de lenguaje humano, que si bien es cierto que debe ser el último recurso (mi profesor de Derecho Penal hablaba sobre el primer Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, que restringía el uso del arma reglamentaria cuando “las palabras no hayan bastado”), debe conocerse. Por lo tanto, saber defenderse nunca está de más. Debes tratar a todo el mundo como pacíficos, pero sabiendo que no todos lo son. Ya sabes, puñetazo en donde tú sabes y correr.

Respecto al tema de la violencia doméstica, dentro de la familia, te diré que espero que siempre mantengas la compostura y estés con alguien que la sepa mantener. No te subordines a nadie. Aplica el principio categórico de Kant: “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio.” No utilices a nadie y no dejes que nadie te utilice. Colabora, participa, se feliz, pero eres un fin en si mismo. No eres ni el premio, ni el refugio, ni la necesidad de nadie más que de ti misma y te darás cuando tú quieras y en la medida que tú quieras. Y quién este contigo deberá aplicar lo mismo.

No obstante, si papa está, papa ira donde tú digas y “hablara” con quién sea necesario.

Recuérdame que hable con G. o con su padre. Y deja de perseguirlo dándole besitos. Cuando él lo haga dentro de unos años verás que no es divertido.

Te quiero,

Papa.

 

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