Cartas a mi hija huérfana (V)

Madrid, 22 de noviembre de 2016

Buenos días, I.

El domingo fuiste al teleférico con mama y A., que también tiene un hijo que se llama A. Como papa. Todo el mundo se llama A.

No me hace gracia. Pero poco puedo hacer. Sólo reflexionar. Siempre me gusto ese refrán africano sobre que para educar a un hijo hace falta toda una tribu. Yo lo interpreto como que es una tarea ingente, que necesita de mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Y que hay que implicarse por educar no sólo a los hijos propios, sino también los que comparten “tribu” contigo. Ayudar a los hijos de los amigos, a los compañeros de clase, atreverse a regañar a quién se comporta de forma incorrecta. Meterse en cosas que a muchos les parecerá que no te conciernen, pero en realidad sí lo hacen.

Veo que A. ahora forma parte de tu tribu. Que te dirá cosas. Me tendré que fiar del criterio de tu madre ya que yo no lo conozco. Fiarme de tu madre no siempre me ha salido bien.

Tuyo siempre,

Papa.

 

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