Cartas a mi hija huérfana XI

Madrid, 19 de julio de 2018

Uf, estoy mirando todas las actividades extraescolares a las que apuntarte el curso que viene. Creo que este curso nos hemos vuelto un poco locos. Has hecho esquí (los fines de semana que se ha podido, porque ha nevado demasiado), patinaje en el Retiro, ajedrez los viernes y en el colegio ballet, danza española, violín y gimnasia. Y los lunes ir a aprender a nadar. Creo que nos hemos pasado. Y todavía falta el verano, donde no sé si apuntarte a surf y equitación. Tengo que enseñarte a hacer fuego en el pueblo. Y lo de disparar porque no he encontrado un club cerca de casa. Definitivamente estoy un poco loco.

 

Pero te veo bien. Nunca te has negado a ir a nada, has puesto buena cara y no has remoloneado para no ir. Y todo lo haces bien. También te confesare que no te he visto destacar en ninguna cosa, no he visto eso que los ingleses denominan ser un “natural”, es decir, tener una habilidad innata, ser un superdotado que nos retirara a tu madre o a mí, el que sobreviva en la consecuente lucha por administrar las toneladas de dinero que nos darán por tus habilidades.

Te he visto rechazar algunas actividades, el fútbol y el rugby. El primero me alegro. El segundo fue la primera gran decepción que me diste como hija. Pero es una nimiedad que el tiempo y la cabezonería de tu padre sobrellevaran (y digo cabezonería y no madurez, ya que lo seguiré intentando contigo, con tus hijos y si puedo, hasta con tus primos).

Este año quiero dejar algo, pero no sé el qué. Consultaremos con tus amigas a ver que hacen ellas. Quizás intentemos algo nuevo, como el tenis, el judo o el krav maga.

Sabes que mama va a estar mucho más ocupada en su nuevo puesto. No me ha contado mucho, pero supongo que si tu madre se mete en ello es por algún motivo. Me dice que tendré que cuidar más de ti. Lo haré encantado, pero creo que el que tendrá que dejar de hacer algo seré yo.

Este año no hemos ido a la feria del Sur, pero en cambio hemos ido a San Fermines. Te han gustado las vaquillas. Es algo inusual, en los tiempos que corren. Quiero que seas inusual. A ver si invitamos a G. para San Mateos.

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Un beso de tu agobiado padre que no sabe como prepararte para el futuro.

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Cartas a mi hija huérfana (X)

Madrid, 18 de julio de 2018:

Bueno, cariño, ya llevas dos días fuera de casa en el campamento. Como siempre te subiste al autobús sin mirar atrás, valiente y dispuesta a afrontar lo nuevo. No, no llore.

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Espero que te lo estés pasando bien. No sé si te habrás dado ya cuenta, pero tu padre no tiene muchos amigos y no es muy hábil en las relaciones sociales. Y, en un claro ejemplo de proyección, quiero que tú triunfes en donde yo no pude (en rugby también). Sé que tu madre es así, pero nunca lo reconocerá ni yo me atreveré a decirle que lo pienso. No lo hice cuando nos divorciamos y hace tiempo que sé que no tendré conversaciones de remembranza con ella, ni siquiera en el día de tu boda. Me sorprendería que algún día me dijera que he sido un buen padre. No sé si tú lo harás algún día. Todavía puedo fastidiarla de miles de formas.

Pero lo importante es que te relaciones bien. Pregunte a P., la madre de G., si te veía a ti y a G. como lideres o como seguidoras y llegamos al acuerdo de que no sois líderes, no buscáis que la gente os siga, pero no seguís si no os conviene. Sois bastante independientes, incluso entre vosotras. Está bien. No sé si te he dado las herramientas para relacionarte bien y ser lo suficiente dura para afrontar enfrentamientos o discusiones, pero creo que tienes lo necesario para no ser una victima y te falta para ser una maltratadora. En todo caso te voy a estar vigilando. En lo que si te puedo ayudar un poco es en como abrazar la tristeza de la vida, ni muy fuerte ni muy poco, lo suficiente para tenerla cerca, notar su presencia y saber que es el contraste necesario. Cuando seas mayor, busca “La sombra de tu tristeza” de Gabinete Galigari y vuelve a ver “Inside Up”.

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Como todos los periodos en que no te veo ni te llamo me deprimo un poco. Me preocupa un poco. En estos momentos me doy cuenta de que no tengo muchos objetivos vitales aparte de educarte, enseñarte la parte del mundo que conozco y luego dejarte mi cadáver para que te alimentes de él y te hagas más fuerte. Bueno, quiero terminar de pintar los soldaditos del ejercito romano de Mario antes de agosto, llevarte a ver una representación en el teatro romano de Mérida, aquel al que no hiciste caso y llevarte a la playa para que aprendas a montar mejor a caballo. Y enseñarte a hacer fuego con dos palitos. Por si acaso.

R. sigue en casa, pero ya ha encontrado la suya. Es bonita y nos ha invitado para cuando este trasladada. También en eso me siento un ente instrumental, siempre dispuesto a ayudar. Quiero que R. sea feliz, pero en estos momentos ansió un poco de soledad. O es el Valium el que habla por mí.

Tu padre helicóptero que te quiere.

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Cartas a mi hija huérfana (IX)

Madrid, 5 de junio de 2017

Buenos días, cariño

Llevamos ya varios días juntos desde que mama se fue a hacer fotos de animales (o de lo que se ponga a tiro) por Botsuana, Zimbawe y Sudáfrica. Me lo paso bien contigo, pero no voy a mentirte y confieso que es cansado. Mama me utiliza un poco (o un mucho) en esto. A la abuela E. no le ha dicho que se ha ido a África para no preocuparla y al que le toca cuidarte es a mí. Ya sé que diría tu madre si le pusiera pegas, que yo soy tu padre y precisamente por eso lo hago, porque me encanta ser tu padre. Pero ella también es tu madre, aunque ya no sea mi mujer. Tengo que pensar como equilibrar esto, ya que creo que no lo está. Y si no me quejo es porque tampoco estoy en la misma situación, económica, que tu madre.

Parece que A. paso y ahora es F., con su hija J., con la que fuiste a Valencia. Te digo lo mismo que con el anterior y con los que vendrán, si es que vienen.

El sábado el Real Madrid ganó la Champions League. En casa no vimos el partido ni tampoco nos enteramos mucho. Según dices a mama le gusta ahora el futbol, no sé muy bien porque. Conmigo nunca mostró esa tendencia. Puedo pensar que es la crisis de los cuarenta, que le hace buscar esa “última oportunidad” de experimentar cosas. Sé que se siente con el futbol, la camaradería, el sentirse parte del grupo, las alegrías y las penas por los resultados de tu equipo. Nunca las he entendido. No sé si será por presunción intelectual, uno de los pecados peores de tu padre, o por cobardía ante los sentimientos, otro de tal, pero siempre me han parecido alegrías y sentimientos impostados, prestados. Que gane el Real Madrid su duodécima Copa de Europa no me ha cambiado la vida, el trabajo sigue el mismo, los impuestos que tengo que pagar son los mismos, mi vida sentimental sigue esa liguera pendiente descendiente que sigue a mi ánimo. Que me hubiera preocupado por lo que hacían Cristiano Ronaldo y compañía durante el sábado no creo que me hubiera alegrado más allá de cinco minutos y siempre tendría la manía de separarme del grupo que celebra, porque desconfío de las celebraciones y de los grupos. No entiendo lo de ser seguidor de un equipo, quizás un poco lo de ser socio, ya que pagas por el derecho a ver un espectáculo en el campo que te puede entretener, pero siempre digo que sólo sigo a los equipos que me dejan jugar con ellos. Y por el momento, sólo han sido el Rugby Rioja, el Bilbao Universitario, el Shelford y los Cantabrigians (que me dejaron jugar con ellos un partido) y el Liceo Francés.

Tú, por tu parte, puedes hacerte seguidora de cualquier equipo que quieras, aun en contra de estos consejos de tu padre, pero, aunque te acompañare donde sea si lo necesitas, me reservare el derecho a hacer el ridículo con una camiseta con el nombre de otro con la que no jugare nunca. Por ahí no paso.

Nos vemos a la hora de comer. Luego, piscina.

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Letters to my orphaned daugther (VIII)

Madrid, 29 de Noviembre de 2016

Buenos días, I.

El otro día me acordaba de una lista de 39 habilidades que, según la revista Contry Life, cualquier jovencito o jovencita inglés debiera saber además de lo que le enseñan en el colegio. Me gustan. Ve preparándote.

Every young man and woman should know how to:

  1. Cook three different dinner party menus.
  2. Say ‘Can you help me please’ in Arabic, Cantonese, Urdu, Spanish and Russian
  3. Play a musical instrument, even if it’s the tom-toms or a mouth organ
  4. Ride a horse to jackaroo standard
  5. Be a ‘tech whisperer’, able to fix and set up the latest techno-gadgets.
  6. Talk about five classics of English literature with authority and passion
  7. Perform resuscitation on someone who has stopped breathing
  8. Know how to grow carrots from seed, distinguish five native trees, identify twenty flowers and arrange a bunch
  9. Handle a shotgun, skin a rabbit, gut a fish and pluck a pigeon
  10. Repair a bicycle puncture and fix the chain
  11. Dance the eightsome reel, waltz to Strauss and bop to Lady Gaga
  12. Taste the difference between a Sauvignon Blanc and a Chardonnay and know how to mix a mojito or margarita
  13. Write a memorable thank-you letter
  14. Recognise Mozart, Elgar and Handel
  15. Put up a shelf and change a plug
  16. Tie a bow tie, bowline and Bloody Butcher (fishing fly)
  17. Sail a boat across The Solent
  18. Carve a joint of meat
  19. Tell the difference between Gothic, Baroque and Palladian architecture
  20. Make a speech, entertain an audience with a joke or an anecdote, and sing at least two songs by heart
  21. Drive a tractor, reverse a trailer, renew engine oil and change a wheel
  22. Find their way round five capital cities
  23. Host a party and put others at their ease
  24. Sustain a 10-shot rally at tennis
  25. Build a bonfire and lay a fire
  26. Perform three good card tricks
  27. Identify five constellations and find the North Star
  28. Score a cricket match
  29. Talk knowledgeably about five British landmarks
  30. Uncork and pour a bottle of Champagne
  31. Iron a shirt, sew on a button and sew up a hem
  32. Amuse small children for at least an hour with magic tricks and story telling
  33. Read a map, pitch a tent and pack a rucksack
  34. Be authoritatively acquainted with at least one work by da Vinci, Constable, Degas, Turner and Canaletto
  35. Know how to manage a bank account
  36. Slip away from a football riot
  37. Address a member of the Royal Family
  38. Complain effectively but politely in a restaurant
  39. Deliver a lamb

Y para una señorita:

A lady . . .

1 Finds laughter is the best medicine

2 Can say ‘thank you’ no matter where she is in the world

3 Cooks perfect, crispy roast potatoes

4 Offers to split the bill

5 Knows that everyone, including herself, improves with age

6 Offers the builder a cup of tea

7 Excels at making love, lasagne and long gin and tonics

8 Can silence a man with a stare and make a dog lie down with a hand signal—and vice versa

9 Can imitate Piglet and Pooh voices for a bedtime story

10 Prefers Mr Knightley to Mr Wickham, but is secretly in love with Rupert Campbell-Black

11 Never downs a drink in one, unless it’s a shot of tequila

12 Is aware that the school run and dog walking do not require full make-up

13 Never wears shoes she can’t walk in

14 Knows when a man is spoken for

15 Can paunch a rabbit, pluck a pheasant and gut a fish, but allows men the privilege

16 Remembers her godchildren’s birthdays

17 Knows songs for a long car journey

18 Is neither early for a dinner party nor late for church

19 Doesn’t over-pluck her eyebrows

20 Knows how to deflect a lecher with grace, and a proposal with kindness

21 Comforts nervous flyers

22 Would never have Botox

23 Knows when to let a man think it’s his idea

24 Would never own a handbag dog

25 Can tie—and untie—a bow tie

26 Might not understand the rules of rugby and cricket, but enjoys the game anyway

27 Knows when to take control in the bedroom and the boardroom

28 Knows the difference between Bentley & Skinner and Baddiel and Skinner

29 Instills manners in her children, but lets their characters flourish

30 Knows when to deadhead a rose

31 Is never afraid to overdress

32 Can handle a sports car, a sit-on mower and a ski lift

33 Knows when to stop dyeing her hair

34 Teaches her son to iron his shirts and her daughter to change a fuse

35 Owns a little black dress

36 Always has a hanky

37 Knows that ‘brevity is the soul of lingerie’

38 Has kissed several frogs and made them feel like princes

39 However lucky in life, she doesn’t boast on Facebook

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Cartas a mi hija huérfana (VII)

Madrid, 28 de Noviembre de 2016

Buenas tardes, I.

El sábado fuimos a ver el partido de rugby de las chicas contra Escocia. Me dijiste que te lo pasaste bien, pero que nunca vas a jugar a rugby.

La primera vez que me defraudaste fue cuando tenías cuatro años. Suena duro, pero es cierto. Te lleve a entrenar a la Escuelita de rugby en L. y me distes todo tipo de excusas: “Soy tímida, son sólo chicos, estoy muy guapa vestida para mancharme”. Te deje, confuso y desilusionado, pensando si enfadarme, hacerte chantaje emocional, dejarlo correr o qué. Cual era mi papel de padre.

Como padre me toca elegir ahora cosas que luego podrás elegir tú: el colegio, las actividades extraescolares, el sitio de vacaciones, etc… Y lo hago teniendo en cuenta lo que puedas necesitar en el futuro: confianza en tu cuerpo, hábitos inculcados, idiomas aprendidos, valores observados y seguidos. Por eso elijo el rugby, lo mismo que elijo el alemán o el inglés para torturarte en el colegio y en los dibujos animados. Porque te pueden ser útiles en el futuro.

Ya sé que todo no te gustará, que tienes que tener tu criterio, que sólo es ir ofreciendo cosas para ver donde están tus inclinaciones, pero también, desde la atalaya de mi mayor edad y de mis fracasos, como los de tu madre, nos toca a nosotros tomar decisiones, forzar cosas e imponer actividades que puede que no te gusten. O vendértelas con descaradas campañas de marketing y soborno.

Todo lo hago porque te quiero y lo que me ha dado el rugby (amigos, viajes, forma física, valores, alegrías y buenos momentos) te lo puede dar a ti. Confía en papa.

Tu padre que te quiere ver capitana de la selección española de rugby.

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Cartas a mi hija huérfana (VI)

Madrid, 25 de noviembre de 2016

Buenas tardes, I.

Hoy es el día contra la violencia de género. Y, como dice la anécdota que cuenta Santiago Gonzalez, no soy partidario. De la violencia de género, claro. Tampoco de llamarla de género, que es una mala traducción del inglés, pero es lo que estamos utilizando ahora.

Habiéndome declarado no partidario de la violencia contra las personas con las que vives, creo que puedo decir que la legislación actual no me gusta ni cómo se aplica. Aborda un problema de una forma errónea e injusta y la opinión pública, política y periodística, se niega a revisar sus conclusiones, evaluar cómo ha funcionado hasta el momento y estudiar alternativas. Además, ha sacrificado principios básicos del derecho, como es la presunción de inocencia, la igualdad de derechos ante la ley y otras cuestiones. Estamos en una espiral de victimización que no nos llevará a ningún sitio al que merezca la pena ir.

No te voy a decir que la violencia es mala. Mucha gente lo dice pero en realidad es porque no ha reflexionado sobre ella. La violencia es una forma de lenguaje humano, que si bien es cierto que debe ser el último recurso (mi profesor de Derecho Penal hablaba sobre el primer Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, que restringía el uso del arma reglamentaria cuando “las palabras no hayan bastado”), debe conocerse. Por lo tanto, saber defenderse nunca está de más. Debes tratar a todo el mundo como pacíficos, pero sabiendo que no todos lo son. Ya sabes, puñetazo en donde tú sabes y correr.

Respecto al tema de la violencia doméstica, dentro de la familia, te diré que espero que siempre mantengas la compostura y estés con alguien que la sepa mantener. No te subordines a nadie. Aplica el principio categórico de Kant: “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio.” No utilices a nadie y no dejes que nadie te utilice. Colabora, participa, se feliz, pero eres un fin en si mismo. No eres ni el premio, ni el refugio, ni la necesidad de nadie más que de ti misma y te darás cuando tú quieras y en la medida que tú quieras. Y quién este contigo deberá aplicar lo mismo.

No obstante, si papa está, papa ira donde tú digas y “hablara” con quién sea necesario.

Recuérdame que hable con G. o con su padre. Y deja de perseguirlo dándole besitos. Cuando él lo haga dentro de unos años verás que no es divertido.

Te quiero,

Papa.

 

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Cartas a mi hija huérfana (V)

Madrid, 22 de noviembre de 2016

Buenos días, I.

El domingo fuiste al teleférico con mama y A., que también tiene un hijo que se llama A. Como papa. Todo el mundo se llama A.

No me hace gracia. Pero poco puedo hacer. Sólo reflexionar. Siempre me gusto ese refrán africano sobre que para educar a un hijo hace falta toda una tribu. Yo lo interpreto como que es una tarea ingente, que necesita de mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Y que hay que implicarse por educar no sólo a los hijos propios, sino también los que comparten “tribu” contigo. Ayudar a los hijos de los amigos, a los compañeros de clase, atreverse a regañar a quién se comporta de forma incorrecta. Meterse en cosas que a muchos les parecerá que no te conciernen, pero en realidad sí lo hacen.

Veo que A. ahora forma parte de tu tribu. Que te dirá cosas. Me tendré que fiar del criterio de tu madre ya que yo no lo conozco. Fiarme de tu madre no siempre me ha salido bien.

Tuyo siempre,

Papa.

 

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Cartas a mi hija huérfana (IV)

Madrid, 18 de noviembre de 2016

Buenos días, I.

Te preguntaras porqué te escribo esto, si todavía no sabes ni leer. La cuestión es que yo sí se escribir y estoy aquí y no sé cuánto tiempo estaré. Mucha gente considera que ya tendrá tiempo para contar todas estas cosas a sus hijos, cuando crezcan y las circunstancias de la vida vayan presentando la oportunidad. Yo no estoy tan seguro.

Sabes que no tienes abuelos, sólo abuelas. Mi padre, R., tu abuelo, murió el 14 de septiembre de 2004 en el patio de la empresa donde trabajaba. Era martes y se había despertado temprano para ir a trabajar. Cuando nos llamaron de la empresa todavía no estaba levantado, pero corrimos en coche hasta allá. Pude llegar a verle, tirado en el suelo con los enfermeros alrededor y la abuela gimiendo. La noche anterior habíamos discutido un poco sobre qué ver en la televisión. No se le hizo autopsia, pero se supone que fue un aneurisma cerebral. Su padre, mi abuelo, F., también murió de repente, mientras dormía, según me cuentan, en un tren camino a Andalucía con las ovejas en la trashumancia. Yo tampoco llegue a conocerle.

En casa hay fotos de los dos. También del tio M., que murió cuando tu tenías tres años. Parece que no te acuerdas mucho de él, porque no preguntabas por él a pesar de haberlo torturado mientras paseabais por L.

http://www.lexnova.es/Pub_ln/Juris_Gaceta/mas_juris/STSJLaRioja_02_02_06.htm

Son malos antecedentes para no hacerse a la idea que algún día yo puedo ir al trabajo y no volver o no despertarme un día. En ese sentido soy como un samurái, siempre consciente de mi muerte.

Hacer testamento y pasarte estas cartas. Por si acaso. Y hacer ejercicio para tener buena circulación sanguínea.

PS: Yo sí conocí a mi otro abuelo, D., el padre de tu abuela F. Delgado, honesto y trabajador. Fue un placer conocerle. Me gustaría parecerme a él.

Nos vemos a la hora de comer.

Te quiero,

Papa.

 

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Cartas a mi hija huérfana (III)

Madrid, 18 de noviembre de 2016

Buenos días, I.

Te preguntaras porqué te escribo esto, si todavía no sabes ni leer. La cuestión es que yo sí se escribir y estoy aquí y no sé cuánto tiempo estaré. Mucha gente considera que ya tendrá tiempo para contar todas estas cosas a sus hijos, cuando crezcan y las circunstancias de la vida vayan presentando la oportunidad. Yo no estoy tan seguro.

Sabes que no tienes abuelos, sólo abuelas. Mi padre, R., tu abuelo, murió el 14 de septiembre de 2004 en el patio de la empresa donde trabajaba. Sobre ese patio se han construido pisos, nunca me atreví a mirar ni sus precios. Era martes y se había despertado temprano para ir a trabajar. Cuando nos llamaron de la empresa todavía no estaba levantado, pero corrimos en coche hasta allá la abuela y yo. Pude llegar a verle, tirado en el suelo con los enfermeros alrededor y la abuela gimiendo. La noche anterior habíamos discutido un poco sobre que ver en la televisión. No se le hizo autopsia, pero se supone que fue un aneurisma cerebral. Su padre, mi abuelo, F., también murió de repente, mientras dormía, según me cuentan, en un tren camino a Andalucía con las ovejas en la trashumancia. Yo tampoco llegue a conocerle.

http://www.lexnova.es/Pub_ln/Juris_Gaceta/mas_juris/STSJLaRioja_02_02_06.htm

En casa hay fotos de los dos. También del tio M., que murió cuando tú tenías tres años. Parece que no te acuerdas mucho de él, porque no preguntabas por él a pesar de haberlo torturado mientras paseabais por L.

Son malos antecedentes para no hacerse a la idea que algún día yo puedo ir al trabajo y no volver o no despertarme. En ese sentido soy como un samurái, siempre consciente de mi muerte.

Hacer testamento y pasarte estas cartas. Por si acaso. Y hacer ejercicio para tener buena circulación sanguínea.

PS: Yo sí conocí a mi otro abuelo, D., el padre de tu abuela F. Delgado, honesto y trabajador. Fue un placer conocerle. Me gustaría parecerme a él.

Nos vemos a la hora de comer.

Te quiero,

Papa.

 

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Cartas a mi hija huérfana (II)

Madrid, 17 de noviembre de 2016

Buenos días, I.

El domingo fuimos a la biblioteca y te comenté de un libro, “Vaya lio de familia”. No me atreví a cogerlo y leertelo. Va de unos padres que se divorcian y tienen nuevas parejas. Papa está con una nueva pareja que tiene una hija y mama se queda embarazada de su nuevo novio. Un lio.

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No me atreví.

No sé mama, pero yo no te he dicho que papa y mama están divorciados ni lo que eso significa. No eres tonta y sabes que tienes dos casas, que papa y mama no duermen en la misma casa y que tienen nuevos amigos. El que se llama igual que yo y tiene dos niños. Y tú ya conoces a R.

Las explicaciones que te he dado son bastante tontas. Quizás sea porque tampoco yo sé muy bien porque tu madre y yo ya no estamos juntos. Yo tengo mis razones y tu madre tendrá las suyas, las que me dijo y las que le movieron. Yo simplemente pienso que no podía estar donde ya no querían que estuviera. Sigo queriendo a tu madre, por mucho que a veces me ponga de los nervios, pero sé que no podré vivir con ella.

Tengo miedo, te lo confieso, a los amigos de mama. Miedo a que me sustituyan y pasen más tiempo contigo que yo. Hay una película, “Last chance Harvey”, de Dustin Hoffman, sobre un padre divorciado que tiene que ir a la boda de su hija en la que él es último mono ante el nuevo marido de su ex mujer, que crío a su hija y paga la ceremonia. Te recuerdo que, como dice Darth Vader, “yo soy tu padre” y siempre lo seré. Todos los días iré donde tu estés.

Que papa y mama estén divorciados te debe enseñar que no todo es para siempre, sobre todo en el amor. Que hay que cuidar las relaciones y los amores. Otros te dirán que el amor entre padres e hijos es distinto y es para siempre. Sí que es cierto que es más resistente, más basado en la sangre y es más clara su vocación de transcendencia, de futuro, que las relaciones sentimentales que tú creas, que los amores con los que te encuentras en la vida. Pero también hay que cuidarlo porque si se rompe duele mucho más.

Este fin de semana estas en casa de mama, pero el viernes duermes en mi casa. Mama quiere salir a cenar para celebrar su cumpleaños. El sábado quizás vayamos a ajedrez.

Cuéntale a mama que has hecho hoy en el Colegio.

Tu papa que te quiere.

 

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